HISTORIA DE MADERUELO


La actual Villa de Maderuelo es de fundación medieval, y aparece citada documentalmente en vez primera con el nombre de “Castro Maderolum” por el obispo don Rodrigo Jiménez de Rada, al relacionar las fortalezas recuperadas en el 1010 por el conde Sancho Garcés. Si debajo del actual Maderuelo precisamente existió alguna vez un poblado o castillo musulmán, es algo de lo que no ha quedado vestigio. Al igual que tampoco hay evidencias ciertas y rigurosas de que, sobre la actual peña que ocupa hoy, existieran núcleos de población anteriores a los árabes. No obstante, es sabido que en la antigüedad habitaron estas tierras los arevacos, pueblo celtibero, y algunos apuntan la posibilidad de que la calzada romana a Tiermes atravesara el “puente viejo” de Maderuelo.

Solamente la Villa de Maderuelo llegó a contar con más de una decena de iglesias parroquiales, que hoy están reducidas a la de Santa María del Castillo.

A la propia fundación de la Villa va unido el más grande tesoro que guarda en la actualidad Maderuelo, su ermita Vera Cruz, de principios del siglo XII (primer cuarto), templo románico situado extramuros del recinto amurallado. Existen indicios suficientes para creer en que la iniciativa de su construcción correspondió a la Orden del Temple. Las joyas más llamativas de la ermita Vera Cruz de Maderuelo fueron las impresionantes pinturas murales que un día decoraron el interior de su ábside. Los frescos, según W. Cook y José Gudiol, son obra de un pintor formado en Italia, compañero del maestro de Santa María de Tahull (Lérida), activo hacia 1123, o quizá del mismo maestro. En 1947 los frescos románicos fueron transportados a lienzo por José Gudiol, y en 1950 se instalaron en el Museo del Prado (en Madrid), respetando su disposición original, donde se pueden admirar en la actualidad. También a los principios de la Reconquista atribuye la leyenda la reaparición de la talla de Nuestra Señora de Castroboda, venerada en Maderuelo como Santa Patrona de la Villa, a la que se festeja anualmente cada último domingo de Septiembre.

El pueblo de Maderuelo, no obstante, siguió sumido en la Edad Media hasta casi nuestros días. A mayor abundamiento, en la década de los 50 el embalse de las aguas del río Riaza dejó la Villa prácticamente despoblada, consiguiendo finalmente que la silueta románica y romántica del más encantador castro de Castilla haya llegado hasta nosotros como un antiguo gran buque anclado en la Historia.